jueves, 30 de diciembre de 2010

Regalo Homer

Yo saco el envoltorio de plástico, pero tú sujetas la caja. Yo la toqueteo, el color Buddy Hollow en plástico, el jaspeado negro. Me pregunto si era de juguete. Me dices:

- Se abre así.

Siempre tienes que saberlo todo, pienso, de esa forma repelente y humilde en la que siempre llevas razón y siempre lo haces bien. Me preguntas si alguna vez he puesto un carrete. No, nunca, alguna vez he ayudado a mi tía, pero eso no es un carrete. Eso más bien parece la parte de atrás de papel charol. Creo que desde que empezamos bastantes de mis cosas las ha estrenado él, entre otras cosas, yo.

- Yo te la he regalado, es un regalo Homer. Me debes la primera foto.
- ¿Ahora?

Click-clack. No hay botón, sino una palanquita como de marchas. He visto cámaras de fotos con caramelos más realistas. Y ahí está, disparándome con una cámara de juguete sentado desde mi cama. Supongo que todo lo que hemos ido haciendo lo ha estrenado él, pero soy yo la que va haciendo fotos. Le he dicho que él es completamente auditivo y táctil, sí, me dice que me llama esta noche y se enfada si no nos abrazamos, pero yo soy completamente visual, o eso creo, y voy tomando fotos de todo. Él es táctil, y por eso tiende a abrir y a curiosear, como me abrió a mí, con el mismo cuidado que a una cámara color Buddy Hollow, como abre los marcos de fotos y me peina el pelo, yo no, yo soy una manazas. Según mi profesor de anatomía la destreza es un hábito adquirido, sólo que algunos tienen más predisposición a adquirir que otros. Yo tengo predisposición a guardar, a almacenar, y por eso me ha regalado una cámara analógica que quema las fotos como si en vez de película tuviera neuronas cuadradas de charol.

Si rompo la cámara, si destrozo los marcos de fotos, si te araño y te muerdo y te desgasto y te sobreexpongo, ¿te enfadarás conmigo?

Sabes que soy yo la encargada de guardar los recuerdos.

martes, 28 de diciembre de 2010

Bohemian like you

Sin futuro. Sin pasado.

Hadas verdes arrancándote a tiras la piel de la garganta, manchas de cafeína en los dientes y de semen en el colchón, suciedad, tubérculos en los pulmones y en el utero, sangre, sangre por la boca y por la vagina, enfermedad, miseria, ideas, dinero sifilítico, jirones de papel ocupan el sol; no, no hay casas bonitas, no hay cafés elegantes, pero sí hay gabardinas altas que cubren hasta las úlceras.

Ven conmigo, por favor, ven conmigo, ¡te amo!, pero yo quiero vivir, le digo, ¡yo quiero vivir!, y se desliza entre las sábanas y me acaricia los pechos y me dice, seremos felices, ¿y mañana?, mañana ya veremos, dame tu cuerpo, deja que lo guarde en absenta, que lo viole y lo ame; eso a mí no me gusta, ¿no podemos ir a cenar a sitios caros con cristales de Tiffany's?, ¿no podemos llevar ropa limpia y el pelo peinado?, ¿no puedes amarme sin mancharme con tus flujos?, ¿no te puedes esterilizar?

No, no puedo, contesta. No puedo quitarme la sifílis, la tuberculosis, la sensación del abismo. Y menos lo haré por ti.
Bien, contesto.



Buscaré guantes de látex con los que tocar el mundo.