martes, 4 de enero de 2011

Cuentos Chinos Navideños


- ¿Quieres que te lea un cuento?
- Bueno.
- Es un cuento chino. También tengo irlandeses, del Norte de África y alemanes, pero mi hermana tiene el libro de los alemanes.
- Da igual, un cuento chino.
Me levanto y cojo el libro de la estantería, delante del gato de Chinatown y el siciliano. Al mover los otros libros, se cae una figurita de Navidad de imitación.
- ¿Y esto?
- No sé. Espera, te voy a buscar el cuento.
- Vale, pero me tengo que ir en diez minutos.
- Te advierto; es un poco porno. Yang es un hombre que vive a los pies de una muralla, al lado de un bosque. Una noche escucha un canto maravilloso en el bosque y se acerca a ver de quién procede; pero sólo encuentra una cinta violeta enganchada a un arbusto. El día siguiente, vuelve a ir al bosque, y ve a una muchacha preciosa. Yang tose, y la muchacha desaparece.
- Creo que lo he roto.
- Da igual, es sólo una figurita de Navidad. La noche siguiente, la chica aparece en su casa y le dice "perdona por haberme ido, pero me asustaste. Soy un espíritu, de viaje con mi padre enfermé y fallecí prematuramente a los 17 años." Yang pidió al espíritu tener placer con ella...
- ¿Tener placer?
- Sí, tener placer, pero ella le dijo que eso le podría traer una felicidad, espera, ¿qué pone?, ah, maldita, ya que ella pertenecía al mundo de los muertos. Así que - levanto la cabeza y le miro a los ojos -, Yang se conformó con pequeños placeres como acariciar sus pequeñas crestas virginales y ver dónde acaba su vestido.
    "Eres muy indiscreto"
Después siguieron con juegos, ella entonó primero una canción triste y luego otra alegre, ella jugaba al ajedrez y escribía poemas en bellos caracteres. Cada mañana marchaba, al olvidarse del amanecer corría, y se convirtieron en dos pequeños esposos.
- Oye, está roto.
- Da igual - digo y lo rompo entre las manos hasta que se vuelve una masa de contrachapado -. Esta parte la resumo un poco.Yang tiene un amigo, Wang, que al ver todo lo de una mujer, espera con otro amigo a que ella aparezca. Yang no puede evitarlo, y al empezar a cantar, uno de sus amigos le tiran una piedra alegando que su canto es triste. Ella se niega a a aparecer, hasta que un diablo la acosa, y entonces Yang y Wang le vencen en un sueño.
- ¿Y al final?
Ella reaparece henchida de alegría. Su amor ha devuelto polvo a sus huesos y hálito vital, estos brillan en su tumba. Entonces obtienen placer juntos, y tras ajustarse la ropa, ella le dice:
          "Si me das un poco de tu sangre, ya que nuestro lazo es tan fuerte, volveré a la vida. Pero escúchame bien. Pasarás 20 días enfermo al hacerlo, pero si te cuidan vivirás. Desde este instante, deberás contar 100 días. Al centeavo, vendrás a mi tumba; encontrarás sobre ella un pájaro azul cantando, y me desenterrarás. Si eres temprano o tardío las consecuencias serán fatales."
Dicho esto, Yang se abrió los brazos y vertió la sangre sobre su ombligo. Al hacerlo, el fantasma se fue y él enfermó durante 20 días. Apareció un médico, y vomitó una especie de barro. Tras esto, estuvo bien. Contó los 20 días con afán y se dirigió hacia la tumba. Entre las zarzas, había dos pájaros azules trinando. Desenterró el ataúd. Este estaba corroido, la madera podrida, pero dentro había una joven de mejillas sonrosadas. Yang la sacó, la tapó, la lavó y vistió en casa y la puso al fuego. Poco a poco, el color se fue encendiendo en ella, hasta que abrió los ojos y dijo:
          "¿Medianoche ya? Qué rápidos han sido estos diez años."
- ¿Te ha gustado?
- Sí.
- Lo leí con ocho años. ¿Te imaginas con ocho años lo de las "crestas virginales"? ¿Y lo de obtener placer?
- Te pondrías cachonda.
- No, cachonda no, pero me quedé con la boca muy abierta. En ese momento eso para mí era... demasiado erótico.
- Obviamente - dice. Me mira.
- ¿Quieres tocarme mis pechos virginales?
- Crestas. Claro.
- Siempre seré un poco virgen para ti, ¿verdad? Por mucho que haya pasado.

            "Sí".
            "¿Te das cuenta de que sólo tú te sentirás así?"
            "Sí."


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